“Las personas que padecemos ansiedad vemos el mundo manera diferente.” Mi experiencia viviendo con ansiedad.

Si comienzas a respirar rápida y agitadamente, experimentarás lo que es un ataque de pánico. Imagina que empiezas a sentir frio, tu atención se reduce, todo se ve un poco borroso, empiezas a sentir un hormigueo en todo el cuerpo, como agujas. De repente sientes mucho calor y tus manos empiezan a sudar como si estuvieras en un sauna. Se hace cada vez más difícil recuperar el aliento, como si no tuvieras aire para respirar. La mente se acelera y lo único que quieres es salir corriendo de allí. Todas estas sensaciones son las que siente una persona que padece ansiedad.

La ansiedad se caracteriza por hacer que una persona padezca preocupaciones, angustia y temores intensos, excesivos y persistentes sobre situaciones diarias y cotidianas de la vida, los cuales no permiten que dicha persona sienta calma en ningún momento.

Los síntomas pueden empezar en la infancia o durante la adolescencia y continuar hasta la edad adulta. Entre los signos y síntomas más comunes de la ansiedad se encuentran: la sensación de nerviosismo, agitación o tensión, la sensación de peligro inminente, pánico o catástrofe, el aumento del ritmo cardíaco, la respiración acelerada o hiperventilación, la sudoración, los temblores de manos o de otra parte de cuerpo y la sensación de debilidad o cansancio.

La ansiedad es la enfermedad o trastorno de la mente más común que existe. Según los expertos, el 30% de la población mundial está destinado a padecer ansiedad. Es posible que tú conozcas a alguien que la padece o que tú mismo la tengas en este momento. Pero ¿qué podemos hacer para remediarlo? A muchos nos sirve la ayuda de un psiquiatra y tomar pastillas para reducir nuestros niveles de ansiedad y tensión. También el hacer ejercicio y en general, tratar de mantener nuestra mente ocupada para que los malos pensamientos no nos atormenten. Las personas que padecemos ansiedad podemos llegar a sentir que estamos solos en este mundo y que nadie nos entiende. Sin embargo, tan particular enfermedad tiene un porqué y es que sentir ansiedad de modo ocasional es una parte normal de la vida, así que no estás solo en esto.

La ansiedad tiene que ver con el raciocinio no solo de los seres humanos sino también de los animales, el cual nos permite estar alerta en situaciones de riesgo. Por ejemplo, si fueras un jabalí tratando de escapar de un león hambriento, ¿qué harías? ¡Pues estar alerta! Porque sabes que el león puede aparecer en cualquier momento y debes estar preparado para salir huyendo de allí.

De igual manera, la ansiedad se aplica en los seres humanos, solamente que, en lugar de un león hambriento, la ansiedad se presenta en forma de deudas que pagar, negocios por atender, tareas por hacer y poco tiempo para realizarlas, etc., y de pronto te ves a ti mismo atrapado dentro de un gran laberinto sin poder escapar. Entonces ¡zaz! Te come el león.

Las personas que padecemos ansiedad vemos el mundo manera diferente. El problema no solo está en nuestros pensamientos, sino también en nuestro cerebro mismo. Quienes padecemos ansiedad clínica no podemos razonar de manera correcta para dejar de sentirnos así tan fácilmente, porque la parte lógica de nuestro cerebro no puede controlar la amígdala y algunas veces la ansiedad puede acumularse y convertirse en una crisis total. Esto me ha pasado muchísimas veces y me ha causado problemas tanto sociales como personales. Simplemente me encuentro incapaz de controlar mis emociones en ese momento y exploto de ira, desesperación y enojo y no me puedo controlar a mí misma. No puedo controlar lo que hago ni lo que digo. Esto fue lo que me impidió asistir a mi propia fiesta de graduación en la universidad, a la cual yo me moría de ganas de ir, pero ese mismo día tuve un ataque de ansiedad y desesperación y me fue imposible asistir. También este problema me ha causado constantes peleas con mis padres y es lo que muchas veces evita que quiera salir a lugares muy concurridos o con muchas aglomeraciones de gente (ansiedad social).

Padezco ansiedad desde los 6 años, a esa edad empecé a jalarme el cabello, lo cual es un sintoma de ansiedad y un mal hábito que no he podido dejar. También a esa edad me costaba muchísimo relacionarme con otros niños y jugar con ellos. Sentía que yo no era lo suficientemente buena para poder relacionarme con los demás. Fui creciendo, siendo una niña extremadamente tímida y cuando llegué a la adolescencia descubrí qué era la ansiedad y me sentí identificada de inmediato; sudoración en las manos, nerviosismo, tensión, sensación de peligro inminente, pánico o catástrofe, aumento del ritmo cardiaco, temblores en las manos, todo eso yo lo padecía desde niña y finalmente había un nombre para explicar todo lo que yo vivía. Empecé a tomar medicamento para la ansiedad alrededor de los 18 años y poco a poco he ido mejorando. Sin embargo, los ataques siguen pasando y la ansiedad sigue ahí.

Actualmente estoy yendo con un psicólogo para ayudarme a mí misma y a mi salud mental. Llevo un tratamiento médico bastante extenso (pastillas) y estoy tratando de controlar mejor mis emociones al tratar de dormir bien, haciendo ejercicio y yoga todos los días y comiendo saludablemente. Creo firmemente que la clave para dominar la ansiedad es encontrar un balance en todo. En salud tanto mental como espiritual y físicamente. Seguir una rutina adecuada todos los días y tratar de estar bien contigo mismo y con los demás.

La mayoría de las personas que experimentan ansiedad tratan de superarla por sí solos y eso no está bien. Algunos beben para relajarse, pero el alcohol puede empeorar la ansiedad a corto y mediano plazo. Muchas veces parte de crecer es admitir que necesitamos ayuda y que no podemos salir del laberinto nosotros solos. Está bien pedir ayuda a un profesional de la salud y está bien ser egoístas de vez en cuando y cuidar de nosotros mismos primero. Recuerda siempre que tu salud tanto mental como física es primero y espero que la ansiedad no te atormente tanto ahora que sabes que no estás solo en esto. Espero algún día poder disfrutar de salir a la calle o salir con mis amigos sin sentir que soy un jabalí que está a punto de ser comido por un león hambriento. ¡Ánimo!

Publicado por Amy Zazueta

Siempre me ha encantado leer y escribir, aunque lo que escribo usualmente se queda guardado en mi computadora o en mis libretas, ahora lo podré publicar aquí. Me gustan las historias con finales felices, el color rojo y que los sueños se cumplan. ❤️

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